Una tarea tardía, en la que pensé: solo se está inventando esto; un caluroso y poco llamativo Sincelejo, unos cuantos osados ambiciosos de la escritura y de sus buenos creadores, formaron una mezcla de esos sabores que hasta las más débiles memorias no olvidan. Si, la tarea era hacer un cuento con esta foto. Y solo meses después, cuando creí que no tenía nada mas por escribir, quise saborear de nuevo.
Esa noche se había paseado por la plaza Santa Lucia, llenando las zapatillas de aquella arena rubia, que en algún tiempo, le invadió la razón, para tener la bravura de enfrentarse a aquel animal que amó matar desde niño. Una que otra manteada al aire frio y solitario de la plaza hizo regresar lentamente el eco lejano de un recuerdo: ¡Ole! Las luces no vacilaron en encenderse, los gritos de la gente a unísono ole, ole; los claveles cayendo suavemente y el fulgor de ese traje, de ese traje de tantas glorias no cumplidas y el falso brillo de una espada de plástico, quedaron para siempre encarcelados en una foto, que seguramente cuelga muy orgulloso de lo que no fue, en alguna de las paredes de sus estudios llenos de libros.
Con mucho cariño, a alguien que ha dado más que la vida a la literatura colombiana.

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